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Esta es la razón de por qué este chico utilizó un vestido amarillo en el funeral de su mejor amigo

La perdida de un ser querido es algo muy difícil de superar. Estamos tan acostumbrados a las personas que nos rodean, al cariño, al amor, a la confianza, a tantas otras cosas que resulta realmente lamentable cuando ya no tenemos a ese alguien que nos hacía sentir tan especial.

Es un  vacío completo, unas ganas de gritarle al mundo que te devuelvan a tu otra mitad, a ese compañero, amigo, hermano, padre, madre que te hacía sentir como si fueras realmente único en esta vida que pareciera estar en contra de todos nosotros.

Nos hacemos promesas con esas personas, prometemos cumplir sus sueños, sus metas, o por lo menos algo que nos haga recordarlos de por vida porque ellos han significado muchísimo para nosotros. Pero, aún así, es muy difícil llegar a superar aquello que nos dejó tan destruidos.

Por esa razón, siempre estamos esperando, de alguna manera, cumplir con todo aquello que les prometimos. La historia que te traemos a continuación habla precisamente de eso, por ello hemos pensado que es un buen ejemplo para aclarar varios puntos.

Elliot y Berry se conocieron en la preparatoria, ambos habían congeniado muy bien, por lo que se hicieron amigos al instante. Al poco tiempo los dos se consideraban como hermanos de otra madre, pues su relación era tan increíble que muchas personas los envidiaban.

Cuando se graduaron de la escuela decidieron que sus caminos no se separarían, estaban tan acostumbrados el uno al otro que quisieron en listarse en el ejército juntos.

Claro que quien hace este tipo de cosas esta consciente de que es una responsabilidad muy grande que, incluso, puede costarles la  vida de ser posible. Pero ellos dos se consideraban unos valientes que irían a ese lugar para convertirse en héroes.

Ambos son de Estados Unidos, por lo que no se sorprendieron que los enviaran a la guerra de Afganistán ara cubrir el territorio desde allá y defender a su nación.

Antes de partir en el avión, los dos se hicieron una promesa que para cualquiera podría parecer muy tonta, pero no lo era para nada. Ambos prometieron que llegarían vivos de nuevo a sus respectivas casas, y que si alguno moría en batalla el otro debía usar como “castigo” un vestido amarillo con medias rosadas, en su funeral.

Tal vez esto era algo para darse ánimos, por lo que ninguno de los dos quería llegar muerto a su nación. Ahora bien, con estas últimas palabras en mente, abordaron el avión que los llevaba a su destino.

Habían estado un buen tiempo en el campo de aquel país en guerra, todo parecía bien para ellos porque no habían tenido que tener algún tipo de enfrentamiento violento,  sin embargo, a una semana de volver a casa, el pelotón donde se encontraban Berry y Elliot fue atacado a disparos. Berry logró salir con vida, pero Elliot no tuvo la misma suerte.

Cuando Berry se dio cuenta de que su amigo había caído, no podía caer en el asombro. Su amigo de toda la  vida había fallecido y él no podía hacer nada ahora. 

Ahora, cuando el cuerpo fue llevado de nuevo a su nación, Berry sabía que tenía una promesa que cumplir con su compañero aunque nadie la fuese a entender. En el funeral, el chico apareció usando un vestido amarillo bastante extravagante y unas medias de color rosado. Todo aquel que lo vio no lo entendía, pensaba que el chico estaba loco.

Sin embargo, cuando los padres de Elliot se acercaron a Berry y le preguntaron la razón de por qué había llegado de esa manera, no pudieron parar de llorar al saber la respuesta.

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